lunes, 3 de noviembre de 2014

España 2014 - Dia 10 - Partida de Mallorca

Llegó nuestra primera despedida del viaje.  Después de ocho días intensísimos, sumamente aprovechados, y en los que conocimos muchas de las bellezas de la Isla de Mallorca, llegó el momento de partir hacia las próximas etapas del viaje.

La partida fue feliz, porque no dejábamos a nadie atrás: Marluca y los abuelos venían con nosotros, por lo que todo era algarabía y festejo.


Nuestro Nissan Evalia, que tantas alegrías nos dio, nos esper para la próxima visita.  Gracias, RecordGo, por los excelentes servicios prestados.



Codigo IATA de "Palma de Mallorca": PMI


Boarding Pass: listo. 

Yendo a preembarcar.

Florchi rockera.


Palma nos despide.

París nos espera.

Este nos va a llevar a suelo galo.

La cábala que, como es evidente, no falló hasta ahora.


Ya cómodamente ubicados para el vuelo.  Bueno, digamos, ubicados.



Finalmente, nos despegamos del suelo mallorquín, rumbo a nuestro tercer destino del viaje.  

domingo, 2 de noviembre de 2014

España 2014 - Dia 09 - Palma

Nuestro último día en Mallorca comenzó llevando a Martín a la UIB (Universidad de las Islas Baleares), dónde tenía pensado apuntarse a unos cursos de post grado. (Nota del traductor: "apuntarse", en mallorquín, no significa, como podría pensarse, la acción de señalarse a uno mismo con el dedo, sino que es lo que en castellano llamamos "anotarse")


Martín nos guió al destino con precisión milimétrica, casi como un GPS humano, como corresponde a un residente de larga data que conoce la zona al dedillo, cosa que quedó demostrada por la gran cantidad de veces que nos hizo circular por el estacionamiento de la Universidad, en ambos sentidos, pasando varias veces por el mismo lugar, saliendo a la ruta y volviendo a ingresar, como si quisiera observar el campus desde distintos ángulos y finalizando luego de casi una hora de infructuosa recorrida, con la famosa y lugareña "bendición balear", tranquilizadora y contedora, expresada en mallorquín: "Paren un cacho que bajo a preguntar, que no tengo puta idea de dónde estamos".  Por un momento, haciendo honor a las islas, sentimos el deseo de balear-lo.

Finalmente, habiendo encontrado el destino, nos dirigimos a un restaurant de comida étnica, para probar las delicias autóctonas de la región.


Algunos dicen que la comida de McDonalds no es sana, y puede traer serias consecuencias a la salud.  No entiendo a qué se refieren.

Decidimos caminar un poco por la costa, y disfrutar de las vistas marítimas.


Entonces, ocurrió aquello.  No puede decirse que haya sido intencional.  Más bien, por el contrario, fue una sucesión de hechos desafortunados combinados por una mano diabólica del destino. La mayoría de los sucesos destacados de la historia suceden igual: empiezan como algo fortuito, no buscado, y luego, casi sin darse cuenta, ocurren.

Todo empezó como un simple retortijón, una llamada interior, un pequeño aviso interno de que algo no estaba bien.  Se expandió, creciendo, absorbiendo, en su camino, todo cuanto se encontraba a su paso.  Su dueño, sin embargo, viejo gladiador de estas esas lides, capeó la situación, como un viejo marino combate una noche tormentosa en altamar.

Sin embargo, no aflojaba.  Algunos lo llaman, "el rayo que no cesa".  En otros pueblos se habla de "mejor afuera que adentro".  Los rioplatenses solemos de decir que "es preferible perder un amigo, y no que se te reviente una tripa".

Martín, ajeno a esos dichos populares, tiene una actitud más natural, más humana, mas zen.  Él comulga una unión espiritual, introyectando lo interior hacia lo exterior, en una comunión mística de sólidos, líquidos, y por sobre todas las cosas, gases, muchos gases.

Por lo tanto, simplemente, aflojó lo que hay que aflojar, y niveló su presión interior, como es habitual, con un estrepitoso sonido en "staccato" barítono al tempo.  Ya aliviado, giró sobre sus talones, y se encontró con cinco sonrisas festejando la situación.

Su mente, ágil, despierta y alerta, detectó en un microsegundo la anomalía: "Cinco sonrisas???"  Su cerebro, acelerado por la situación, como si fuera un sofisticado computador espacial, resolvió la compleja ecuación matemática: "Gaby, Leo, Flor, Facu... me estaría sobrando alguien".

Ahí estaba ella, con la mirada lánguida, con estampa imponente, y aire algo perdido.  Tal vez el aire, más que perdido, estaba enrarecido.  No todos los días recibe un pedo en plena cara.

Martín, abandonando su habitual desenfado, tal vez por primera vez en su vida, explicó lo obvio:
- Perdón, señora, pero necesitaba sacarlo.

La señora no era de este mundo, sino que casi una deidad.  Así no reveló su linaje:
- Es que te has "cagao" frente a la presidente de la barriada.

Martín, con el escaso amor propio que le quedaba, intentó su última salvación:
- En Argentina, señora, los pedos huelen distinto.

Su majestad zanjó la discusión con un veredicto inapelable:
- No, en todos lados huelen igual.

Esta vez, las carcajadas de la foto son absolutamente naturales.


Solo resta agregar al escatológico episodio que, semanas más tarde, comentando el mismo, Flor confesó que, según creía, "Presidenta de la barriada" se refería a quien dirige al cuerpo de barrenderos de la ciudad.

Repuestos de la situación, continuamos con el paseo por Palma.





En exclusiva, pudimos visitar la primera obra de la próxima apertura del "Museo de Cera de Mallorca".

Paseamos por el casco histórico.

Todo muy normal.







Después de su episodio ya mencionado, Martín se sintió con ganas de seguir exteriorizando cosas.


La bella catedral de Mallorca, vista de costado.

Los famosos "gases unísonos".

La famosa frase "Uno es esclavo de sus palabras", nunca mejor aplicada.  Estuve semanas diciéndole a todos mis conocidos que era absolutamente innecesario comprarme el iPhone 6 (teniendo un iPhone 5), ya que las mejoras no son tan notorias ni ventajosas como para justificar la erogación.  Mis amistades se maravillaron de mi madurez y determinación, siendo que, pocas veces en mi vida sudaca, se me presentaría la oportunidad de estar en el primer mundo justo al momento del lanzamiento.  Sin embargo, así soy yo: mesurado, racional, meticuloso, una persona que piensa cuidadosamente cada acto, y lo lleva a cabo sin desvíos.

Hasta que lo tuve en la mano.

Sentí como todos mis argumentos previos se evaporaban.  Me quedé ahí, mirando a la nada, con aire perdido, los ojos vidriosos, y las rodillas flojas.  Por suerte, Gaby me sacó de ese ensueño con sus proverbiales palabras: "Amorcis, si te gusta, compratelo, pero, qué hacemos con los miles de argumentos que teníamos?"

Usando el poquísimo resto de racionalidad que me quedaba, devolví los iPhones a su estante, y me puse a pensar en serio la posibilidad de comprarme uno, pero eso será parte de una historia próxima.

El día terminó despidiéndonos de Vale Renom y Cami.



Es importante destacar que la mirada vidriosa de Gaby no se debe, como podría pensarse, a la emoción de la despedida, sino a elevado nivel etílico que ocupaba su torrente sanguíneo.

España 2014 - Dia 08 - Deiá, Esporlés y Banyalbufar

Luis entendió, claramente, que a falta de Disney, podía contentarme con hacerme transitar, una y otra vez, por los escarpados caminos de cornisa que pueblan parte de la isla.  Allá fuimos, nuevamente, esta vez, con destinos inéditos para los Keselmans mallorquines.

Nuestro primer destino fue un pueblito absolutamente mágico: Deiá.  La opinión generalizada indica que fue el lugar más lindo de los recorridos hasta el momento.   







El pueblo está surcado, de lado a lado, por un arroyo descendente, que se origina en las montañas, y forma dos laderas enfrentadas, lo que le da un aire aún más natural.




Intentamos recolectar de esa agua, tan pura y sana. Evidentemente, los efectos mentales que provocan son impredecibles.



Flor tiene nariz de idem



Es un lugar tan seguro que la gente no necesita sacar la vista del celular para cruzar la calle.


Mucha pared de piedra, con ventanas pequeñas.


El siguiente destino fue Esporlés. 



Esporlés tiene unos caminos sumamente angostos y escarpados.  Si bien no son de cornisa, nos metimos en uno tan solo unos centímetros más ancho que el auto, lo que nos obligó a avanzar sin opción a volver. Luego de un largo tramo, cuando el camino se estrechaba aún más, en una arriesgada pero inevitable maniobra, logramos dar la vuelta y desandar lo recorrido.

El final del paseo nos encontró en Banyalbufar, pueblito que nos costó tanto trabajo de encontrar, como de aprender a pronunciar su nombre.






El último día de recorridas por la isla llegaba a su fin, y debíamos volver a casa a comenzar con el preparativo de las valijas.