"Viví" mentalmente este viaje cientos de veces. Recorrí virtualmente los destinos con Google Street, me nutrí de opiniones sobre los paisajes con TripAdvisor, elaboré itinerarios con Google Maps, y registré cada detalle previo con TripCase. Pero, después de tanta informática previa, llegó el momento de la realidad.
Yo estaba ansioso: tenía una membresía para la sala VIP de American Airlines, y quería darle a los chicos la sorpresa de llevarlos. Además, me gusta vivir el ambiente "pre-embarque". Así que fuimos mucho más temprano de lo necesario a Ezeiza, casi 4 horas y media antes.
Me iba a llevar mi papá solamente, para entrar todos en el auto, pero mi mamá quiso ir a despedirnos también (cosa que me gustó mucho), por lo que contrató un remis adicional para la ida.
| Listos para comenzar la aventura |
Hicimos el checkin, conteniendo la respiración por si nos pasábamos con el peso máximo permitido de las valijas, que era de 23 Kg. El cargo por exceso era de U$S 100- por valija. Por suerte (y mérito de Gaby), no nos pasamos.
| Los abuelos esperaban expectantes. |
Declaré la MacBook, la filmadora y el iPhone 5. Los iPads, según la empleada, no era necesario declararlos.
Entramos a pre-embarque. Los abuelos nos despidieron.
Ya adentro, fuimos a la sala Admirals Club a pasar un rato antes de subir al avión.
A los chicos les encantó. Había snacks y bebidas, todo gratuito.
| Florchi esperaba el vuelo, muy estresada |
| Amorcis estaba feliz. |
Finalmente, anunciaron nuestro vuelo, por lo que fuimos a la puerta correspondiente.
Subimos a nuestro hogar por las próximas 12 horas.
El avión era un Airbus 340-600, matrícula EC-INO, apodado, casi premonitoriamente, "Gaudí", nuevito, y precioso. Pantallitas individuales muy completas, con variedad de películas, juegos, e información del viaje.
El piloto pudo despegar sin mi ayuda.
Alrededor de hora y media después de despegar, sirvieron el almuerzo. Bastante bien, rico y sin ser abundante, no nos quedamos con hambre.
Después de un rato, si bien se hizo de noche (cambio horario), nadie podía dormir. Aguanten las pantallitas!
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